Jueves, 11 Marzo 2010

General




Federer, ante su trampolín

Éstos son los signos de los nuevos tiempos. Rafa Nadal está lesionado y en Mallorca. Roger Federer, tan metido en su rutina -llegar, ganar y marcharse- que no sabe que hay 28 empleados y recogepelotas de Wimbledon aislados en su casa por sospechosos brotes de gripe. Y la hierba, tan a los pies del suizo que hasta su entorno se ha contagiado de su seguridad pasmosa: Severin Luthi, el capitán helvético en la Copa Davis, discute su plan de juego para su semifinal de hoy contra el alemán Tommy Haas mientras se atreve a llevar el teléfono móvil guardado en el reverso del calcetín. A partir de Haas se entienden muchas cosas del giro radical que ha dado el tenis en 60 días. Hace cuatro semanas, en una tarde brutal en Roland Garros, Haas tuvo un punto de break para eliminar a un tembloroso Federer. Hoy es justo lo contrario. El número dos mundial se desliza por el césped con la suave precisión de un Rolls Royce; conquistó París, el único torneo grande que le faltaba, y busca el título que le haría eterno: si gana en Wimbledon, logrará su 15º título del Grand Slam, más que nadie, y recuperará el número uno. ¿Qué cambió?